born me, no, I can't change (samej) wrote in bazter_txikia,
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[Fic] [Osomatsu-san] improvisaciones y reservas de hotel

Fandom: Osomatsu-san
Pairing | Género: Osomatsu Ichimatsu/Osomatsu Karamatsu | Twincest, spanking, crosdressing
Palabras: ~4.800
Rating | Advertencias: NC-17 | spoilers capítulo 16.
Notas:


improvisaciones y reservas de hotel


Ichimatsu está en el tejado de su casa, acompañado por uno de los gatos que más tiempo llevan con él, cuando la conversación entre sus hermanos empieza a alzarse. Sus padres no están así que en vez de salir han decidido llevarse las cervezas a casa. Ichimatsu no confía en sí mismo bebiendo, así que se ha cogido la manta y se ha subido antes de que le arrastrasen a él también a la sesión de alcoholizarse.

El problema es, cómo no, Karamatsu. Desde aquella primera noche, desde que notó su mano caliente dentro de su pijama Ichimatsu siente que no puede apartar las manos de él y, lo que es peor, le parece que Karamatsu es más capaz de controlarse.

Cuando lo hacen, Ichimatsu siempre quiere que sea rápido. Siempre va a venir alguien, siempre están a punto de ser pillados y, además, cuanto más tiempo pasan juntos más se nota en una espiral descendente que no sabe cómo rompre.

Karamatsu cada vez le para más. Ojalá fuese que le para para no hacer nada, pero no. Le frena, le hace durar, se aleja si va demasiado rápido. Acepta todo sin rechistar, pero le mantiene a raya. Aún siente escalofríos al recordar esa misma mañana. Jyushimatsu ya había salido fuera y Osomatsu estaba desaparecido porque había encontrado mil yenes , Totty estaba desaparecido, seguramente trabajando en cualquier cosa, fingiendo ser lo que no es y Choromatsu en la ducha.

Ichimatsu estaba en el pasillo, aún medio dormido, Karamatsu apareció delante de él, ya vestido, y no le dejó hablar ni moverse, no le dio tiempo a hacer nada, le empujó de un hombro muy, muy suave hasta apretarle contra la pared y le besó, sin darle tiempo a responder nada. La boca le sabía aún a pasta de dientes, al contrario que la suya, pero no parecía importarle cuando se pegaba contra él, cuando le mordía los labios y le sujetaba las manos. Al apagarse el ruido de la ducha, Karamatsu se separó, le dio un último beso y dijo “Buenos días, Ichimatsu” y le dejó ahí, empalmado y en shock.

Si bebe ahora cerca de él… no cree que se pueda controlar.

Ichimatsu solía tener su vida bajo control y ahora es como si el mando lo tuviera otro. El mando lo tiene un idiota que viste pantalones cortos y zapatos con lentejuelas.

Ichimatsu apoya la cabeza contra las rodillas y les escucha hablar.

—Jyushimatsu, no me digas que no te gustan los trajes de colegiala. Las faldas y los calcetines y…

Osomatsu está muy borracho. Como un siete de diez, más o menos. Choro le interrumpe.

—No, escucha, lo mejor son los trajes de animales, como Nyaa-chan que…

—¡A mí me gustan que se vistan como quieran!

Karamatsu, cómo no. Le odia, de verdad que le odia, le puede imaginar en alguna pose estúpida. Habrá sido capaz hasta de levantarse, a no ser que esté demasiado borracho.

Se oye un golpe y un grito de dolor y Totty, más bajito, “realmente es el único que piensa en lo que quiera ella”, pero se ve ahogado por los demás diciendo a Karamatsu que es lo peor.

—Además —dice Osomatsu—, ¿no tuviste una novia cuando estábamos en el instituto? Casi nos abandonas ahí.

Ichimatsu se acuerda. Fue una época extraña entre los dos, Ichimatsu juraría que le evitaba, todo lo posible que es evitar a uno de tus sextillizos estudiando en el mismo colegio y viviendo en la misma casa.

—Ah, sí, Torako-chan. La verdad que el uniforme que llevaba era precioso. Iba muy bien con mi fashion aunque entonces no era tan perfecta como lo es ahora.

—Tampoco ahora lo es.

—Oigo lo que dices, Osomatsu-niisan, pero no te entiendo.

—¿Hasta dónde llegaste con ella, eh?

—¿Ehhhh? —se une Totty.

—¿Ehhhh? —Choromatsu.

—¿Ehhhhhhhh? —todos juntos.

Hay un ruido de muebles desplazándose y de golpes y la voz de Osomatsu le amenaza con no dejarle moverse hasta que cuente nada.

Ichimatsu se interesa en la respuesta en contra de su voluntad. No sabe si va a decir algo, porque Karamatsu a veces es impredecible y tiene mucha más paciencia de lo que parece. Al final lo hace y todos callan mientras él relata sin muchos detalles una sola tarde en la que pudo meter mano bajo la falda, nunca más arriba del muslo pero lo suficiente para que Ichimatsu se enfade. Habla de que pudo desatar un botón de su camisa tras otra oleada de golpes, habla de los labios con el pintalabios, de su pelo suave.

Se tensa. A pesar de la extorsión para contarlo Karamatsu parece disfrutar genuinamente del recuerdo e Ichimatsu piensa en él, que no tiene nada de eso. Ni siquiera tiene el pelo bonito, se reprocha, mientras se toca la nuca.

Se abraza las piernas para intentar controlar la oleada de odio que le sorprende. A Karamatsu, por querer algo que no es él. A sí mismo, porque sabe que nunca será suficiente.

*

Karamatsu no cambia su actitud con él, le sigue besando cuando menos se lo espera por muchos puñetazos que se gane cuando no le pilla despistado, nota el pie bajo el kotatsu siempre cerca del suyo, incluso aunque les haya costado alguna confusión con el lío de piernas bajo las mantas. Una tarde, una maldita tarde en la que Ichimatsu se siente peor de lo normal Karamatsu se acerca a él y le abraza por detrás durante largos segundos, le besa la nuca y se va antes de que pueda reaccionar de verdad.

Ichimatsu se pregunta por qué.

Le empieza a obsesionar la historia de Kara y la chica de su instituto, la repite en su mente y le va añadiendo detalles más escabrosos y que le hacen sentir aún peor.

Se le ocurre que podría… darle algo. Ya que está claro que lo suyo está pasando solo porque no hay nadie más para ninguno de los dos, al menos podría hacer. Algo. Algo que le gustara a Karamatsu.

Se siente estúpido por pensarlo pero es como un virus en su cabeza, no puede evitarlo, cada vez que le besa y cierra los ojos se pregunta si se estará imaginando otra cosa.

Está en un callejón dando la vuelta a su casa y la sudadera de Choromatsu cae del colgador justo a su lado. Ichi mira hacia todas partes y cuando está seguro de que no hay nadie, se la guarda.

Es como una señal.

*

Moverse por la copia de Akibahara que tienen cerca de su barrio es mucho más sencillo como Choromatsu. Incluso un par de personas le saludan. Pasa la parte de las idol y encuentra lo que busca en una de las tiendas y, a pesar de que podría fastidiar a su hermano, lo busca en un pasillo algo alejado.

Coge el traje que busca (blanco y morado porque no se puede resistir), unos calcetines altos y una peluca rubia oscura. Juraría que era algo así, quizá un poco más oscuro pero se parece lo suficiente a la imagen que tiene en su memoria.

Nervioso, en un arrebato, coge hasta unas braguitas de encaje que parece que se van a romper en cuanto se las ponga.

En la caja, el dependiente le mira con poco interés, como si estuviera acostumbrado. Quizá lo está. A lo mejor Ichimatsu puede justificarse lo que está haciendo sin pensar que se está volviendo loco.

Sale de la tienda y se alegra de pensar en la bolsa neutra que lleva porque el barrio se empieza a llenar. Está totalmente abstraído cuando algo brillante llama su atención. Se queda paralizado, congelado de la cabeza a los pies, cuando Karamatsu se acerca gritando.

—Choromatsu, hoy no hay ningún concierto, acaso has venido a verme...

Y le mira. Un repaso de arriba a abajo y hay algo dolido, en su mirada, algo que para nada es propio de Karamatsu.

—¿I...chi...ma...tsu?

Ichimatsu mira a todos los lados y no sabe cómo reaccionar; así que lo que hace es bufar, empujarle y salir corriendo. Se le cae algo de la bolsa pero le da igual. Solo quiere huir.

*

Cuando llega a casa, lo hace ya vestido con su propia ropa. Ha tirado la chaqueta de Choromatsu a una papelera cerca del río, sin remordimientos, y ha escondido el traje en una zona que conoce donde solo se mueven gatos. Después, cuando sea de noche y sus hermanos estén por ahí, ya lo recogerá y podrá guardarlo en su escondite secreto (bajo la cama. Puede que no sea muy secreto).

Para su mala suerte, está solo Karamatsu, con una cerveza vacía y una segunda abierta. Le mira y sonríe pero es… Hay algo mal.

Se incorpora lo justo para sacar algo del bolsillo cuando le ve.

—Antes se te ha caído esto. Guárdalo antes de que te lo vean los demás.

Ichimatsu se pone rojo atardecer de un momento a otro. Las braguitas siguen en su plástico pero es totalmente reconocible, sobre todo por la chica semidesnuda que guiña el ojo en la etiqueta.

—Puedo explicarlo.

Brother, please, no hace falta que lo hagas.

—Pero es que…

Seguramente esté pensando que tiene un fetiche con lo de disfrazarse de alguno de sus hermanos. Dios, Ichimatsu se va a morir ahí mismo de la vergüenza.

—Mira, Ichimatsu, de verdad que no tienes que… si lo que te gusta es disfrazarte de… No pasa nada, aunque no entienda que teniendo mi perfect fashion prefieras la ropa de…

Ichimatsu no tiene paciencia y se agacha, le agarra de la pechera y le levanta hasta empujarle contra la pared. No como lo había hecho Karamatsu aquella mañana, no, lo hace agresivo y con ganas de hacer daño. A juzgar por su expresión, lo consigue.

—¿Te vas a callar? —Karamatsu asiente—. Solo me he puesto eso para comprar… esto. Y otras cosas. No podía dejar que me vieran con…

A Karamatsu le cambia la expresión. Aún no entiende cuál era el problema antes, por qué le podría sentar mal que se pusiera cualquier otra ropa, excepto que le haya dolido en el ego. Sonríe de lado e Ichimatsu ya sabe que va a venir algo horrible.

—Entonces… ¿puedo entender que realmente solo te gusta ponerte mi maravilloso estilo?

Le mete un puñetazo que le hace toser sangre y se da la vuelta, dispuesto a salir del salón y seguramente a irse a la cama porque ya ha sido un día bastante largo.

—¿Eso ha sido un sí? —la voz suena nasal por la sangre que debe bajar por su garganta —. Si no dices nada lo entenderé como un sí.

Ichimatsu no se molesta ni en mentir. Se siente como si Karamatsu pudiera ver a través de todas sus mentiras, de todos sus disimulos. Quiere matarle.

Sale sin decir nada e ignora el vuelco que le da el estómago al oir el grito de júbilo de Karamatsu.

Maldito narcisista, piensa.

*

Cuando, un par de semanas más tarde, Karamatsu le da una dirección en la zona opuesta de Tokio, está a punto de tirarla. Le puede la curiosidad al darle la vuelta al papel y ver un día, una hora y una frase debajo.

Trae tu nueva fashion.

La letra es grande, de kanjis amplios y trazos seguros y limpios. La gente puede no diferenciarles por la cara pero realmente bastaría con hacerles escribir cualquier cosa, les pillarían al momento.

Ichimatsu da vueltas a la nota, buscando un significado oculto, algo que le diga lo que está haciendo con su vida. La relee hasta que está grabada en su cabeza, cada línea y cada curva de cada ideograma, cada número.

La rompe en trocitos muy, muy pequeños.

*

El metro no está muy lleno a esas horas e Ichimatsu se ajusta la mascarilla. Se siente un poco más cubierto con ella, como protegido; aprieta la bolsa contra las manos, le sudan las palmas.

Cuando llega a la esquina le ve. Va relativamente discreto, unos vaqueros y una camiseta sencilla (por una vez, ni siquiera lleva su cara en ella) y la eterna chupa de cuero. Se mira en el espejo y se peina un par de veces en el tiempo que Ichimatsu le mira desde la esquina. Se mete las manos en el bolsillo y se las saca, se sacude el hombro con la mano.

Parece nervioso.

Ichimatsu se pone a su lado, en silencio, y aún así Karamatsu da un respingo.

—Oye, Mierdamatsu.

—¿Si?

—¿Qué hacemos aquí?

Karamatsu coge aire.

—No es que no aprecie a nuestros hermanos pero quería que por una tarde nadie nos interrumpiese.

Se pone rojo.

—¿Quieres decir que…? Pero nosotros…

Lo mata. ¿Cómo van a entrar en un hotel? ¿Dos hermanos? ¿IGUALES?

—Sí, vamos al hotel. No te preocupes, el que está en la puerta está medio ciego y ya tengo la llave. No van a saber que…

Que van a un hotel. Dos hermanos. Iguales.

—No van a saber quiénes somos, eh.

Karamatsu aprecia la ayuda, e Ichimatsu no pregunta por qué sabe lo del portero. Algo le sabe amargo en la boca.

*

La habitación es mucho menos sórdida de lo quehubiese esperado. El hotel en sí es discreto, no como todos esos con corazones enormes de neón en la puerta y que se pagan por medias horas, en los que seguramente para cuando entras no se haya ido el olor de los anteriores. Ichimatsu odia esos hoteles. Ichimatsu odia la mayoría de cosas.

Sobre todo a Karamatsu.

—Siento que no sea lo mejor pero… —se encoge de hombros—. Espero que la compañía lo valga.

Y se señala con los pulgares y sonríe. Ichimatsu gruñe y se tapa la cara y Karamatsu se ríe, bajito, como si hubiera estado esperando esa reacción.

—Ven.

Extiende una mano y, lo que es aún más sorprendente, Ichimatsu va. Aún tiene la bolsa y la deja caer justo a sus pies en cuanto Karamatsu le agarra de la nuca y le besa. Intenso, siempre hace ruiditos en la garganta como de alivio, como si el tiempo que no están así fuera un sufrimiento. Ichimatsu le agarra de la camiseta, roza los vaqueros con los dedos y le hormiguean. Karamatsu le empuja suave, paso a paso, hasta la cama. Ichimatsu se sienta y le mira desde abajo unos segundos, después le agarra de la camiseta y le tira encima de él.

Karamatsu se ríe contra su boca y se sube a horcajadas, le besa desde arriba con el pelo justo sobre los ojos. Se incorpora un segundo y le hace un gesto para que levante un poco la espalda, le sube la camiseta hasta las axilas y hace lo mismo con la suya; y vuelve a bajar.

Calor, calor, calor, Ichimatsu le agarra de la espalda y clava las uñas para pegarle más a él; se besan con saliva y con dientes, Ichimatsu como si no quisiera hacerlo, Karamatsu como si fuera el fin del mundo.

Es un poco demasiado, el bulto de su hermano contra su estómago, las manos que suben por sus antebrazos, entrelazan los dedos con los suyos y le sujetan contra la cama. Es un poco demasiado, la cara de su hermano mirándole desde arriba mientras le mantiene contra la cama.

—Estás tan guapo así.

Karamatsu no piensa cuando habla estando así, sin aliento y pegado a él. Parece más él, un Karamatsu escondido bajo el que enseña a los demás, un Karamatsu que sabe lo que quiere y que le quiere a él, al parecer.

Ichimatsu necesita un minuto, de repente, porque se está ahogando. No por el peso o la presión, se ahoga porque no sabe qué hace aquí, no sabe qué hace con su hermano en una habitación de hotel, arrugando camisetas y sábanas.

—Espera.

Karamatsu se incorpora, le suelta las manos y se apoya en las suyas. Está rojo. Está tan, tan guapo. A veces piensa que no pueden ser iguales. No parecen ni siquiera hermanos.

—¿Quieres que me pruebe la ropa?

Karamatsu le pasa la mano por el hombro, por el estómago desnudo. Coge aire e Ichimatsu puede notar un par de embestidas contra sus pantalones, de repente el peso sobre sí mismo desaparece y Kara se tumba a su lado, boca arriba.

—OK —dice, juntando el dedo índice y pulgar.

Ichimatsu huye, recogiendo la bolsa por el camino y se mira en el espejo del baño. Está aún más despeinado que de costumbre y siente retortijones, si no hace algo ya se va a pasar la tarde en la taza. Se desnuda de espaldas al espejo y se empieza a poner todo, las braguitas, la falda, la camisa, se ata los botones con dedos temblorosos. Se le rompe uno y la frustración hace que le duela la cabeza, toda la excitación anterior desaparecida hace rato.

Lleva demasiado tiempo en el baño. Tiene la peluca en la mano y no se puede mirar cuando se la pone. Se apoya contra el lavabo y solo atisba una maraña de pelo horrible.

El toc, toc en la puerta le sobresalta.

—Ichi, ¿estás bien?

Lo de acortar su nombre ha sido un desarrollo nuevo de los acontecimientos por parte de Karamatsu. A Ichimatsu le viene todo tan grande en este momento que hasta lo permite.

—Ahora salgo.

Le suena la voz rara. Constreñida, falsa.

— Voy a entrar.

Ojalá tuviera fuerzas para decir que no. Se pregunta si es esto más ridículo o lo es la otra vez, cuando llevaba su chaqueta y se miraba como si no fuera él. Karamatsu entra despacio y sus ojos se juntan un segundo en el espejo.

—No puedo, no sé cómo… —es bastante posible que Ichimatsu esté muerto y esto sea el infierno.

—Escucha, escúchame, no quiero que hagas nada que no quieras. No quiero que lo hagas por mí, ¿me escuchas, Ichimatsu? ¿Quieres de verdad ponerte esto? Me da igual si no quieres, me da igual si quieres que me lo ponga yo, me da igual.

No le entiende, de verdad que no. A estas alturas tiene material para hacer de su vida un infierno y Karamatsu hace eso de… de no hacer nada.

Mueve todo al fondo de su mente que luego no le dejará dormir y mira la expresión preocupada de Karamatsu. El problema no es el uniforme, claro.

—No, está bien, es solo que no creo que pueda. Con todo.

Karamatsu le muestra las manos vacías.

—¿Me dejas?

Ichimatsu asiente. Karamatsu no le mira a los ojos mientras le arregla la camisa que se le sale por la falda, le esconde el botón bajo la goma y termina de atarle el lazo. Con la mano, suavemente, le quita la peluca y le atusa el pelo.

—Así mejor. ¿Esto vino por lo que estuve diciendo el otro día en casa? No quiero a esa chica, Ichimatsu. No la quiero a ella vestida así.

—Ah —tiene que confirmarlo—. ¿Estás seguro?

Asiente con la cabeza, sonríe.

—Siempre lo estoy. Mírate ahora.

Coge aire y se da la vuelta, mira a Karamatsu por el espejo y cuando se mira a sí mismo, le parece que es diferente. Como si se estuviera viendo desde unos ojos que no son los suyos.

Se pregunta si es lo que Karamatsu ve cuando le mira a él.

Esto es lo que quiero.

No puede seguir mirándose así que se da la vuelta y le agarra, fuerte, le besa porque no quiere que siga hablando y diga mentiras con esa cara de creérselas. Karamatsu le agarra de la cintura y trastabillan hacia la cama en medio de la habitación. Ichimatsu decide en ese momento dejar de pensar, porque Karamatsu podría haber dicho mil veces cualquier cosa de lo suyo y en cambio ha conseguido ocultar cuándo desaparecían.

Karamatsu no sabe mentir pero, aunque supiera, esa cara en el espejo era una que decía la verdad y, si Karamatsu le quiere así a él, lo mínimo que puede hacer Ichimatsu es aceptar que él le quiere de vuelta.

Le mantiene un segundo de pie delante de la cama y le hace darse la vuelta; Ichimatsu lo hace sin gracia, rojo hasta las pestañas y deseando no tener que enfrentarse a su mirada. Karamatsu apoya los labios contra su nuca y baja las manos por sus costados, le acaricia la piel de su estómago por encima de la camisa y después baja y le pega la falda al culo.

Ichimatsu prefiere no decidir, así que se sube a la cama de rodillas, a cuatro patas, mostrando lo que sea que se le ve con la falda medio subida. Mira hacia atrás y Karamatsu se está mordiendo el labio.

—Me matas —dice, mientras se pone tras él, le empuja un poco hacia delante y cuela las manos bajo la tela, por encima de las braguitas—, me matas, Ichi, desde que las vi cuando se te cayeron, no hay momento en el que no haya pensado en esto.

Se quita la camiseta y le acaricia con los dedos, las costuras y el encaje y mete los dedos entre medias, vuelve a sacarlos.

—Hay una cosa que tengo que hacerte.

—¿El qué?

—Ahora verás.

—¿Quieres que me quite…?

—Shhh, no, no, déjame a mí, ¿me dejas?

—No pidas.

Se le escapa. Se le escapa porque necesita que hoy le haga lo que él quiera, necesita que no le pida permiso. Karamatsu se encarama un segundo en él y hace que le mire a los ojos.

—No quiero hacerte nada que no quieras.

—Estúpido Karamatsu —Le corresponde la cortesía arañándole la mano que tiene más cerca y por reflejo Karamatsu pellizca con la otra, no exactamente en el culo pero lo suficientemente cerca como para que se le escape un gemido bajo.

No puede pedirlo. Karamatsu tiene que entender que no puede pedirlo, que tiene que saber qué hacer.

—Vale —dice, en algún punto a su espalda. Empieza a bajarle las braguitas y se las deja a mitad del muslo; hay unos segundos de incertidumbre e Ichimatsu está a punto de darse la vuelta y lanzarle por la ventana y, de repente, una caricia. Y, seguido, un golpe con la palma. Ichimatsu suelta el aire que estaba aguantando y la segunda le coge de sorpresa. Algo más fuerte, aunque no le hace daño, aún tiene que dar mucho más fuerte para hacerlo.

Pero es un principio. Le sigue dando, intercala los azotes con pequeñas caricias que en realidad no son necesarias porque Ichimatsu lleva toda la vida esperando algo así; es triste pero es cierto, ni siquiera es capaz de controlar los movimientos de su culo, las embestidas al aire. Tiene la falda subida por la espalda, el lazo casi en la boca.

—¿Más? —no quiere que le pida permiso, pero esto no es pedir permiso—. ¿Quieres más, verdad? Aún casi ni está rojo.

Gime contra la sábana en la siguiente, más fuerte, esta duele, más porque ya empieza a estar la zona irritada que porque le haya dado de verdad con energía.

Poco le ha durado la seguridad: Karamatsu le pide perdón y le calma el dolor con un beso, el idiota de él.

Se da cuenta de que puede pedirle muchas cosas a Karamatsu y el estúpido, estúpido Karamatsu se las daría, pero que le haga daño no es una de ellas. No de momento, no mientras no entienda.

No puede pararse a analizar demasiado porque se da cuenta de que Karamatsu no ha alejado la boca, le sigue dando pequeños besos por la zona, mueve las manos por las nalgas y acerca los pulgares al centro, separa la carne y lame, desde abajo hasta donde la zona se convierte en espalda.

Ichimatsu se tensa porque es demasiado, no tiene por qué hacer algo así, pero Karamatsu dice "shhh" y el aire pega frío contra la humedad que ha dejado su lengua y no puede decir nada, no sabría cómo. La lengua se vuelve a acercar, hace menos recorrido esta vez, y otra, y cada vez menos, cada vez se centra más en el único punto de su cuerpo del que es consciente ahora mismo. Todos sus nervios están concentrados ahí mientras Karamatsu abre, abre más y mete la lengua. Es la mayor guarrada que se le ocurre. Le vuelve loco.

Estira la mano y se acerca la almohada a la cara con intención de ahogar los gemidos que se le escapan de la boca y del alma, Karamatsu no deja de lamer, lamer, lamer, mete la lengua y la saca y de repente hay más presión, un dedo contra su entrada que se abre paso sin esperar permiso.

—¿Te gusta? —pregunta, y sigue colando la lengua al lado del dedo—. Hay lubricante en el baño, si quieres, si es mucho. No quiero hacerte daño, no quiero hacerte nada que tú quieras.

Ichimatsu niega con una mano. Está babeando contra la almohada, de qué mierdas habla.

—Ven, déjame verte.

No le deja elegir, en este caso (bien que manda cuando quiere, piensa Ichimatsu), y le da la vuelta, le termina de quitar las bragas. Ichimatsu se tapa la cara con el antebrazo; debe estar ridículo, pero Karamatsu se la aparta con cuidado y su expresión no es de que le esté viendo ridículo. Su expresión es algo radicalmente distinto, le puede ver las pupilas dilatadas en los ojos oscuros, tiene la respiración casi peor que él y está duro como una piedra bajo los vaqueros, lo nota en su pierna.

Le quita el lazo y le abre los botones de la camisa con una mano, baja hasta la falda pero la deja, mete la mano por debajo y le hace abrir las piernas. Se acerca los dedos a la boca para echarse saliva e Ichimatsu abre la suya medio por reflejo, medio por pura necesidad. Karamatsu le ve y se los mete con cuidado, los abre y los cierra, Ichimatsu hace lo posible por llenarlos con toda la saliva que puede reunir. Los baja de nuevo, más allá de lo que puede ver con la falda y no se molesta en mirar, echa la cabeza hacia atrás y abre las piernas, olvida la vergüenza porque qué es la vergüenza contra el placer de la presión en su agujero.

El dedo entra con más facilidad que antes y Karamatsu le habla al oído.

—¿Quieres tocarte? —espera a que asienta—. Hazlo.

El alivio al agarrarse es bestial, casi orgásmico si no fuera porque lo hace lento, tiene que hacerlo durar así que la mueve despacio, más relajando la tensión que intentando correrse aunque se mezclan ambas cosas, es complicado y tiene que pensar en blanco para no caer.

—Otro —consigue decir.

Karamatsu le muerde la oreja, le lame el cuello, se restriega contra su cadera.

—¿Estás seguro?

Gruñe porque si vuelve a preguntarle le saca los ojos, lo jura, le aplasta la cara contra la pared y tendrá que explicar la sangre en la habitación de hotel pero la hostia se encargará al menos de que no parezcan hermanos.

La presión aumenta y duele, quiere dejar quieta la mano un segundo para disfrutarlo pero Karamatsu le habla bajito "quiero ver cómo terminas, brother" y es imposible hacerlo con la orden implícita, se masturba casi ahogado y termina en la mano, en la falda, mientras los dedos empujan y mientras su hermano le besa.

Es todo demasiado sucio, demasiado perfecto y dura tanto tiempo que se siente roto, drenado.

Se mueve alejándose de sus dedos y Karamatsu recupera su mano y lo primero que hace es bajarse sus propios pantalones hasta debajo del culo. Le mueve sin que pueda hacer nada, le sube la pierna sobre él y se pone casi en su culo, se masturba contra su entrada humedecida y dolorida y dice tacos como nunca lo hace, joder-joder-joder y hay una desesperación en él que hace que Ichimatsu mueva sus propios dedos hacia su cara.

Karamatsu se sorprende al notarlos contra su mejilla y le mira como... Le mira con algo en los ojos que no puede soportar, algo tan puro que Ichimatsu no se siente merecedor, Karamatsu pone la mano sobre la suya y dice "Ichi" y no hay nada después, solo un gemido largo y sus ojos cerrados y su boca contra sus costillas superiores.

Ichimatsu nota el calor en medio de su culo, humedeciéndole, y le hace sentir bien.

No debería, pero lo hace.

*

Se han quedado dormidos, al parecer. Ichimatsu se despierta cuando alguien le tapa con una manta.

—¿Karamatsu?

—Aún nos queda un rato, descansa.

Ichimatsu debería responder a esto. Debería responder a que le estén cuidando, a que Karamatsu cuele las rodillas bajo una de sus piernas, a que se apoye en su pecho y a que estire el brazo por encima de su estómago y le abrace.

Debería empujarle de la cama, debería empujarle de su vida pero está muy, muy cansado. Acerca su brazo al cuerpo, agarra los dedos de Karamatsu que caen por su costado.

Decide ignorar la sonrisa de Karamatsu que es capaz de sentir contra su piel.

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