born me, no, I can't change (samej) wrote in bazter_txikia,
born me, no, I can't change
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[Fic] [Osomatsu-san] improvisaciones y fotos de perfil

Fandom: Osomatsu-san
Pairing | Género: Osomatsu Ichimatsu/Osomatsu Karamatsu | Twincest, nekomimi
Palabras: ~3.200
Rating | Advertencias: NC-17 | spoilers capítulo 16.
Notas:


improvisaciones y fotos de perfil


Cuando Ichimatsu le arrincona en el salón, Karamatsu no tiene ni idea de por qué puede ser. Ha estado callado durante un buen rato, algo extraño en él, concentrado como estaba en buscar nueva foto de perfil para el LINE. De hecho había asumido que se había quedado él solo en casa: Ichimatsu tiende a desaparecer cuando solo se quedan ellos dos.

Cree que ha encontrado la foto perfecta cuando escucha pasos hacia él, ve algo morado por el rabillo del ojo y el mundo se mueve, de repente en vez de estar mirando su móvil está viendo el techo y la cara de Ichimatsu especialmente enfadada aparece en su campo de visión.

Brother, ¿qué pasa?

—Tú sabrás —le dice. Parece enfadado, no con la pasividad habitual sino con agresividad, esa que parece que solo le reserva a él.

—De verdad, de verdad que no tengo ni idea de lo que hablas — dice, quitándose las gafas de sol que aún tenía puestas.

Algo cambia en la expresión de Ichimatsu, pero Karamatsu no sabe reconocerlo.

—¿Por qué no has dicho nada?

—¿Nada de qué?

—Oh, vamos, no me intentes engañar. ¿Estáis preparando algo para reíros de mí? No soy Totty, no os lo voy a poner fácil y…

—Ichimatsu, por favor.

Frunce el ceño, se queda callado, y le mira intensamente a los ojos. Karamatsu cree que se sonroja porque no está acostumbrado a eso, normalmente le ignora y nunca, nunca le mira como ahora, como si fuera lo único que importa.

Le suelta la pechera y le deja incorporarse. Karamatsu se arregla la camiseta, porque no puede enfrentar la mirada de su hermano con todas esas arrugas.

—¿Por qué no dijiste nada? De lo de… la otra vez. Lo de la ropa.

Karamatsu dice, “ah”, porque por fin entiende. Pero, a la vez, no entiende nada.

—¿Qué iba a decir? Es natural que queráis usar mi perfect fashion porque…

El golpe de Ichimatsu le lanza como una matryoshka hasta el suelo pero él vuelve al momento. Esa la esperaba, al menos.

—Puedes dejar cinco minutos de ser ridículo, por favor.

Karamatsu sabe que se va a ganar otra hostia, pero aún así no se puede callar.

—Si piensas que soy tan ridículo, ¿por qué te quieres probar mi ropa?

Ocurre algo mágico. Ocurre algo tan inesperado que Karamatsu se olvida de sonreír.

Ichimatsu baja los ojos, se sonroja lo más mínimo, y suspira. Va a hablar y Karamatsu se queda quieto, porque es como un gato de la calle: un movimiento brusco y puede perderle para siempre.

—Seguramente me arrepienta de decir esto, pero aunque no creo que seas guay, creo que es guay que tú te veas </i>guay</i>. Y como digas alguna vez que he dicho nada de esto te mataré y te enterraré y nadie más sabrá de ti nunca.

—Vale —porque es mucho para procesar, es muchísimo, seguramente ni siquiera Ichimatsu sea consciente de lo que le está haciendo esa frase—, vale, se me ha ocurrido una cosa. ¿Quieres… quieres probarte mi ropa? ¿Cuando quieras? Y yo vigilo que no venga nadie.

—Mierdamatsu, ¿por qué te iba a creer? Seguro que todo es una trampa y en cualquier momento saldrá Niisan del armario.

—¿Cuándo he hecho yo un plan así con nadie? En lo que respecta a dejar en ridículo, ¡no tengo planes!

—Idiota, no te voy a creer solo porque pongas una pose estúpida.

Piensa, Karamatsu, piensa, qué puede hacer que…

—¿Y si me visto yo también con tu ropa?

—No es lo mismo, no…

—Lo que quieras. Me pongo lo que quieras.

Suena desesperado y sabe que ha cometido un error cuando ve la expresión en su cara, pero le le da igual.

Ichimatsu sonríe demasiado poco como para desperdiciar la visión.

Se oye la puerta y se separan un poco. Ichimatsu dice.

—Tenemos que buscar un momento en el que no haya nadie.

Choromatsu entra, les mira, sospechoso, y ambos se callan.

*

La ocasión llega un par de semanas más tarde. Karamatsu no lo ha olvidado en ningún momento, pero cree, y seguramente acierte, que es mejor que sea Ichimatsu el que vaya a él. Ichimatsu reaparece después de que todos se hayan ido. Está en la puerta, y Karamatsu sonríe cuando le ve.

—¿Estás preparado para la perfect fashion?

—Esto ha sido una mala idea.

—No, no, no. Vamos. Lo tengo preparado.

Abre el armario y lo peor es que es verdad, hasta ha hecho que su madre le planche la camiseta para poder dársela. Ichimatsu le lanza su sudadera y una bolsa, sonriendo.

—Date la vuelta.

Se cambian así, mirando cada uno hacia un lado como si no se supieran el cuerpo del otro de memoria, como si no fuera igual (aunque no lo es, lo eran todos hace mucho tiempo pero la pubertad les hizo diferentes, más láguidos unos, una peca en un lugar diferente).

Karamatsu mira el contenido de la bolsa y se pone automáticamente rojo.

—¿Es necesario que…?

—Sí, si no no hay trato.

A Ichimatsu se le olvida que esto es para él, y que Karamatsu no tendría que hacer nada, pero qué más da. Toca los pelitos de la diadema con los dedos, la punta de las orejas de gato falsas, y se la pone, aún un poco rojo, después de la sudadera morada.

Se dan la vuelta a la vez y se miran como en un reflejo distorsionado. Ichimatsu coge el espejo y se mira, la más ínfima de las sonrisas hace que a Karamatsu se le caliente algo en el plexo solar.

Está guapo, cuando sonríe. Y parece narcisista decirlo cuando es igual que él pero para Karamatsu ninguno de sus hermanos lo es. Ni siquiera es porque lleve su ropa, aunque eso ayuda porque su ropa es maravillosa, es algo, algo diferente en su cara.

—Haces mejor de mí cuando no te mira nadie.

—Idiota. Es fácil hacer de ti. Solo tengo que poner cara de estúpido y decir ¡little brother!

—Yo no sueno así.

—Suenas así.

—Quizá un poco —admite, porque es cierto. Pero no le parece mal. ¿Por qué iba a estar mal tener un poco de entusiasmo por algo?

—Haz de mí. Como —traga saliva— como hacías el otro día.

El ambiente de la habitación es diferente. Karamatsu asiente y se concentra.

Cierra los ojos a medias e intenta suprimir todo su ilusión, pero es difícil. Es la primera vez que pasa tanto tiempo a solas con Ichimatsu en mucho tiempo y eso hace que sus niveles estén over the top, brother.

—Miau —dice, porque le pone nervioso todo.

Ichimatsu le da un golpe en el hombro.

—¡Yo no hago eso!

Karamatsu no presiona.

—A veces lo haces, con los gatos.

—Hmmm —dice, sin aceptarlo del todo—. Pero hay algo mal en tu cara.

Tuerce la cabeza y se acerca, se quita las gafas.

—¿Qué está mal?

—Tiene demasiada fe… demasiado entusiasmo. Tienes que poner menos. Es horrible mirarte.

Karamatsu se ríe.

—Tú tampoco estás haciendo muy bien de mí.

—¿Qué?

—Yo nunca iría tan despeinado, déjame.

Karamatsu comete otro error, y este es todo culpa suya. Le pasa los dedos por el pelo y se lo peina, despacio, le baja primero los mechones más puntiagudos de arriba y luego los de los lados. Es incómodo, no debería estar haciéndolo pero Ichimatsu no le para y seguramente detenerse ahora será aún peor; tiene que llegar hasta el final.

Le pasa los dedos por la nuca y termina de bajarle los de atrás, y, porque no sabe qué hacer, le coge las gafas de la mano y se las pone. Le tiemblan los dedos y teme dejarle sin ojo durante un segundo.

—Así mejor.

Ichimatsu se está mordiendo el labio y no respira. Dice, “mierda” y Karamatsu no sabe qué pasa, pero ve que se le empieza a subir uno de los mechones, pone una mano sobre el bulto y, oh.

Oh.

Las orejitas salen de un momento a otro. Nunca las ha visto aparecer, solo alguna vez de lejos, en un callejón; Ichimatsu se guarda mucho de enseñar ciertas cosas.

Las acaricia un segundo, las puntas, el lado, y una de ellas se mueve por reflejo. Mira hacia abajo e Ichimatsu le mira, lo nota incluso a través de las gafas, puede ver las mejillas sonrojadas y los labios húmedos y Karamatsu se da cuenta por fin de lo que está haciendo, de lo cerca que están, le viene a la memoria algo enterrado en él de su yo adolescente, algo enterrado bajo capas y capas de tierra.

Se le encoge el corazón y piensa, mierda-

Entonces pasan varias cosas muy seguidas: primero, Ichimatsu le besa. Es imposible procesarlo porque no hay tiempo pero lo hace, le besa y cierra por un momento los ojos, casi a la vez se escucha la puerta de casa, lo que hace que automáticamente Ichimatsu se aparte, bufe como un maldito gato y le dé un puñetazo en el estómago que le tira hacia atrás. Se cae al suelo de culo y, para cuando este se levanta, Jyushimatsu está en la puerta.

Les mira, a uno, a otro, otra vez al primero. Uno en el suelo, los dos rojos, sin respiración, sin nada que decir. Se le han caído las orejas de gato al suelo y las lanza de una patada bajo el kotatsu

Karamatsu está a punto de hacer “miau” cuando Jyushimatsu habla, sin perder la sonrisa.

—¿Por qué tenéis las ropas cambiadas?

*

Una semana después, siguen sin hablarse. Cruzan alguna conversación de vez en cuando, pero siempre por mediación de otra más grande, y Karamatsu se gana un par de patadas solo por ser maravillosamente estiloso, pero no hay verdadera fuerza en ellas, no es como antes. No calma su ansiedad, y no puede evitar echarse la culpa.

Lo peor es que tenía que haberlo sabido, porque ya pasó por esto. Esto, que está mal, porque son hermanos, porque Ichimatsu es su hermano menor y está mal, la palabra incesto planea por su mente a todas horas, esto lo vivió.

Tendría unos dieciséis entonces y Karamatsu lo reconoció, lo desestimó como una posible orientación sexual y lo descartó. Tenía sentido. En aquél entonces aún estaban más unidos y, si Karamatsu era gay, era posible que surgiera con alguien que tuviera cerca. Son hormonas, pensó, y leyó muchísimo del tema y llegó a la conclusión de que no es que fuera gay, porque habría otros chicos que le gustasen, sino de que era hetero pasando una época complicada. Hormonas. Confusión.

Porque a Karamatsu le gustan las chicas (sus Karamatsu girls!) y quiere tener novia y perder la virginidad como lo hace la gente normal. No que Karamatsu tenga nada en contra de los gays, pero lo que sentía él no es ser gay, es (incesto) un tabú, algo feo, algo que ocultar.

Karamatsu no quería sentir cosas que hubiera que ocultar. No sabía hacerlo.

Durante mucho tiempo tuvo la sospecha de que por eso Ichimatsu se enfadaba tanto con él. Pensó que lo había notado y que quizá por eso todo lo que hacía él estaba mal. Que por eso no le quería.

*

Jyushimatsu no habla. No lo hace porque Ichimatsu le conoce, y cuando Karamatsu le va a corregir, éste le pega una patada y un rato más tarde le dice el truco.

Básicamente Jyushimatsu es el truco de decirle a alguien que no piense en algo. Si no le das importancia desde el principio, lo olvidará.

Es el más puro de todos ellos, piensa Karamatsu, limpiándose una lágrima imaginaria.

Desde luego es más puro que él, que no deja de pensar en Ichimatsu, en el olor de su chaqueta.

*

Pone una de las fotos que consiguió sacar de Ichimatsu vestido de él como perfil en el LINE. Cuando Todomatsu la ve, le dice que sale raro; él dice que le gusta.

Al otro lado del salón, Ichimatsu mira el móvil disimuladamente, y luego le mira durante muchos, muchos segundos sin ningún tipo de disimulo.

Karamatsu se pone rojo, pero aguanta la mirada.

*

A veces, piensa que se lo imaginó. Que no le besó, que no era su imaginación jugándole una mala pasada.

Pero el viernes están donde Chibita y están borrachos y se sientan por costumbre uno al lado del otro y cuanto más borrachos están más cerca nota la pierna de Ichimatsu, primero solo como un fantasma a su lado y poco a poco la rodilla, el muslo entero. Karamatsu coge aire y engancha el tobillo por detras del de Ichimatsu y bebe un poco más para intentar disimular. Durante los primeros cinco segundos espera el golpe, porque puede notar la tensión que emite, como los movimientos de un gato antes de atacar.

Pero Ichimatsu empuja su vaso para hacer sitio, apoya los brazos cruzados en la barra y en ellos la cabeza, mirando hacia el otro lado.

Balancea la pierna, y con ella la de Karamatsu.

El podría explotar.

Caen los seis dormidos en cuanto ponen un pie en el futón, pero Karamatsu está demasiado nervioso. Una mano se pone encima de su boca y escucha un shhhh que viene del lado de Ichimatsu. Se gira hacia él y está de lado, mirándole. Le quita la mano cuando ve que no va a decir nada y se queda ahí, quieto. Como habiendo empezado algo que no sabe seguir.

Hacer cualquier cosa con Ichimatsu es complicado, saber en qué momento se pasará de la línea lo es aún más pero Karamatsu no puede. No puede con esos ojos medio cerrados y con esa cara que es la suya pero no lo es, porque él lo tiene que intentar para verse guapo, la chaqueta y las gafas y todo lo brillante pero Ichimatsu lo es sin intentarlo. No puede con él así que le pone la mano en la mejilla, casi sin respirar, cuenta cuatro aparte de las suyas (ronquido, risa -Jyushimatsu es bastante siniestro cuando duerme-, respiración, alguien que abraza la almohada) y todo se le olvida cuando dos segundos después Ichimatsu cierra los ojos como un gatete y se restriega contra su mano. La mueve al ritmo que Ichimatsu se mueve contra ella, ahora hasta la nuca, ahora por la mejilla, ahora roza el pulgar contra la comisura del labio.

Ichimatsu se acerca un poco más, asoman las orejitas en la cabeza. Karamatsu se debería sentir una mierda por lo que siente debajo de su pijama, pero no puede hacerlo. No cuando rasca justo detrás de la oreja y a Ichimatsu se le escapa la sombra de un gemido, casi un ronroneo. Pone la mano sobre su boca, ahora, y se le abren los ojos. Cree que le va a empujar (cree que le va a empujar todo el rato) pero los deja semicerrados de nuevo, saca la lengua y le lame la palma.

La aparta como si se hubiese quemado pero la vuelve a poner cuando ve la expresión de Ichimatsu. Karamatsu tiene muchas cosas buenas y cosas malas y muchas capacidades y una de ellas es la de improvisar, así que deja la mano en su boca y se acerca a él, susurra.

—¿Es esto lo que quieres, brother?

Y casi consigue que no le tiemble la voz. Ichimatsu le muerde pero esa se lo esperaba y Karamatsu a estas alturas tiene alta tolerancia al dolor. Baja la otra mano por el futón porque está escuchando lo que cree que está escuchando y se niega: si van a hacer esto, lo van a hacer bien.

Ichimatsu tiene una mano dentro de su pantalón y Karamatsu se la quita y la sustituye con la suya, sonriendo cuando siente el gemido ahogado en su palma. Ichimatsu embiste contra su mano y se agarra a su antebrazo, intentando moverle más rápido, pero Karamatsu para.

—Mierdamatsu —susurra, como puede.

—¿Quieres que pare… —contesta él, en el mismo tono—, o quieres que te lo haga yo?

—Te voy a matar.

Dice, clavándole unas uñas que parecen más puntiagudas de lo normal, pero no se mueve, y pasados unos segundos parece decidirse. Le deja libre y Karamatsu siente tentaciones de tocarse porque ese control es algo que nunca tiene, no sobre nadie, menos sobre Ichimatsu. Es un universo nuevo, una galaxia por explorar.

Esta noche no queda mucho que hacer, se da cuenta, porque hay una energía renovada cuando mueve la mano en la entrepierna de Ichimatsu, la punta mojada y su boca caliente contra su otra palma; podría quedarse así y sería feliz.

Ichimatsu no se puede quedar así, por desgracia, y termina cerrando los ojos y apretándose contra su palma, embistiendo contra su mano, en un gemido casi sordo que solo Karamatsu puede intuir.

Saca los dedos manchados del pijama y busca debajo de su almohada, recoge un paquete de pañuelos que guarda ahí. Se limpia sin mirar a Ichimatsu porque se siente mal, de repente. No se supone que un hermano mayor no debería…

Ichimatsu le coge del cuello, le atrae hacia él y le besa, le mete la pierna entre las suyas.

—Estúpido Karamatsu. Estúpido, estúpido Karamatsu —dice, contra sus labios—. No podemos dejar que te vean así.

—Estoy bien, no hace falta que —van a despertar a todos, pero la pierna de Ichimatsu está apretando y aprieta y él no aguanta más, verle ya había sido demasiado y solo hacen falta un par para que se agarre a él y le muerda el hombro por encima de la camiseta con la que duerme para no gritar, el orgasmo le deja ciego, todo negro por un segundo y siente dolor en las sienes de la presión.

Ichimatsu le deja caer en su lado y ambos recuperan la respiración durante unos minutos. Ichimatsu se vuelve a limpiar, a duras penas mientras los ojos se le cierran, deja los pañuelos a un lado del pijama y se tumba de lado, mirando a su hermano menor. Él está tumbado boca arriba con los ojos cerrados.

— Ichimatsu.

—Duerme.

—Ichimatsu.

—Qué.

—No me mates.

Karamatsu agarra la mano de Ichimatsu entre las dos suyas y frunce el ceño.

—Idiota.

Se remueve en su propio futón, le aprieta un segundo los dedos, y deja la mano ahí.

Karamatsu se duerme.

*

A la mañana siguiente, Karamatsu se levanta con la misma energía que Jyushimatsu hasta que Ichimatsu, desde la cama, le lanza la almohada con tanta fuerza que se come el kotatsu y se parte el labio.

Pero Karamatsu intuye una marca morada con la forma de sus dientes bajo su camiseta, y él tiene arañazos en la espalda, así que que todo siga igual es, bueno.

Más un alivio que cualquier otra cosa.

*
Karamatsu ya no tiene dieciséis años.

Ahora no lo ve de la misma manera. Ahora que ha vuelto todo a su cabeza, las raras ocasiones que Ichimatsu le sonríe, cuando se mueve por culpa de una pesadilla y acaba demasiado pegado a él, el verle con su ropa (¡con su ropa no, su perfect fashion!) engañando a Osomatsu, no consigue verlo como algo malo.

Serán dos chicos, y serán hermanos, pero, mientras no hagan daño a nadie, no debería haber ningún problema.

Se niega a verlo como algo feo. Es suyo. Son sus hermanos, y, ¿no dicen siempre que no pueden caer más bajo en la sociedad?.

Lo puede negar cuanto quiera pero ambos saben que, en su interior, Ichimatsu es ya un Karamatsu boy.

*

Tags: ! fanfic, * fandom: osomatsu-san, fic: improvisaciones, long: multichap, rated: ma, ship: osomatsu ichimatsu/osomatsu karama
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